Vivo en una ciudad de unos doscientos mil habitantes, pero trabajo en otra, a unos treinta kilómetros de la primera, en la que viven unos cuantos millones. Todos los días laborables cojo tren y metro para llegar a la oficina. Una hora para ir y otra para volver. Media hora en tren y media hora en metro por trayecto. La ida es estupenda, porque al ser las primeras estaciones de la línea, tanto en el tren como en el metro, voy sentado. La vuelta no lo es tanto: casi siempre voy de pie, y a veces, ciertamente apretadito.
Es mucho tiempo para desperdiciarlo mirando al infinito, Continuar leyendo ‘Entre que voy y vuelvo’
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