Circunstancias, personas, decisiones

Aprendiendo a escribirA veces me pregunto cómo he llegado hasta aquí. Repaso mentalmente las circunstancias en las que he tenido que desenvolverme, las personas que he conocido y que me han influido y las decisiones que me llevaron a tomar un camino u otro. Algunas de las cosas que veo me punzan el corazón o me anudan la garganta, otras me hacen sonreír.

Tuve una infancia feliz, creo, aunque un poco ajetreada, viajando de aquí para allá, conociendo y despidiendo a innumerables amigos, y siempre rodeado de libros. Quizás fueron las cartas que desde muy pequeño escribía a las amistades perdidas una y otra vez, las que asentaron en mí el gusto por la escritura. Quizás fueron esos libros que siempre me rodeaban los que me impulsaron a leer y leer durante el resto de mi vida. También es natural pensar que tantos viajes, tantos sitios, y personas, y situaciones diferentes, fueron los que despertaron en mí la curiosidad por todo.

Luego las cosas se torcieron un poco, y antes de entrar en la universidad, y durante toda la carrera, tuve que trabajar. No a tiempo completo, afortunadamente, sino sólo en los veranos, o a tiempo parcial. Fue entonces cuando mi hermana me llevó a La Rioja a vendimiar, y me enteré de lo que vale un peine, cosa que no he olvidado. En los dos últimos años de carrera conseguí meterme como becario en el Centro de Cálculo de la universidad, seguramente fue entonces cuando empezó a fraguarse en mi cabeza la idea de vivir de la informática.

Luego dí clases particulares, repartí pizzas, limpié discobares, cargué y descargué camiones, fregué platos en Irlanda, me saqué un certificado de inglés, encontré un trabajo serio, cogí experiencia, cambié de empresa, volví a coger experiencia, volví a cambiar, estudié lo del MCSE, me volví a cambiar, me ascendieron… y así, hasta hoy.

En todos estos años he conocido un buen número de personas. Mis padres, mi hermana y parte de la familia ya estaba allí cuando yo llegué. Luego vino mi hermano y el resto de la familia, los vecinos, los compañeros de estudios, los amigos, los profesores, mi novia, su familia, los compañeros de trabajo, los clientes, los proveedores, los distribuidores… y, por encima de todo, mi mujer y mi hijo. Algunas de esas personas ya se fueron para siempre; algunas estuvieron tan solo de paso, y otras, afortunadamente, han venido para quedarse.

Todos han influido de una manera u otra en lo que soy ahora con acciones o actitudes que en su momento no parecían tener trascendencia. En el parque que había a la salida de uno de los innumerables colegios en los que estudié, cuando yo tenía unos siete años, mi madre me consoló diciéndome que si Antonio Losada, mi amigo, me había regalado un tebeo de Mortadelo y Filemón, de esos con las pastas duras, que estaba un poco desvencijado y pintado a boli, era porque me había querido dar una de las cosas que más apreciaba, una de sus cosas. Ahora, treinta años después, valoro las cosas por lo que son, no por lo que valen o por lo que parecen. Quizás aquello, que, curiosamente, no he olvidado, influyó en mi actitud actual. Otra cosa que recuerdo es que mi padre me dio mi primer trabajo como informático, encargándome la programación en el Basic de un Amstrad CPC 6128 de un generador de etiquetas para una tienda de ropa. Yo debía de tener unos quince años. Unos diez años después, empecé a ganarme la vida con esto de la informática. Tampoco olvido que cuando yo era pequeño, y durante la adolescencia, siempre intentaba leer lo que mi hermana había leído antes. De pequeño fueron las aventuras de Los cuatro y medio y Los cinco, más tarde, los libros de Rosa Montero, Bernardo Atxaga y Naguib Mahfuz. Ahora leemos cosas bien distintas, pero aquellos fueron, sin duda, los libros que me aficionaron a leer.

Cuando vivía en Cullera (Valencia), más o menos a los doce años, la caligrafía de mi amigo de clase, Company, me parecía preciosa. Imitándola es como logré mejorar la mía. Cuando estaba en el instituto, dos profesores, la de física de tercero de BUP y el de inglés de COU, determinaron con sus gestos algunos de los caminos que seguí más tarde. La primera porque su forma de explicar la física y la química, hizo que me interesara por la física y terminase haciendo la carrera en la universidad, y el segundo, porque aprobándome una evaluación con exámenes suspensos, sólo porque él pensaba que había progresado y me había esforzado, hizo que realmente me esforzase hasta rozar la perfección (9,75) en mi último examen de inglés; luego, en la universidad, sería capaz de estudiar la física cuántica con los mejores libros, los Cohen-Tannoudji, que sólo estaban en inglés. Y así, rebuscando en los bolsillos de mi mente, podría escribir y escribir sobre cómo muchas de las personas que he conocido han influido en el resultado final de lo que soy o lo que hago.

¿Y las decisiones? Desde que mis padres dejaron de decidir por mí, algo fundamental en la niñez y la adolescencia, he llegado a innumerables cruces en los que he tenido que decidir por mí mismo el camino a tomar. Decidí estudiar en la universidad y perseverar hasta terminar; decidí darle toda la caña posible al inglés, estudiado en todo momento y lugar, y viviendo en Irlanda unos meses; decidí buscar trabajo de informático, así como decidí abandonar la seguridad de la primera empresa, y la seguridad de la segunda, hasta llegar a la de ahora, hace ya siete años; decidí casarme con la mujer que más Belleza, con mayúsculas, ha traido a mi vida, y decidí (ella y yo, claro) tener al hijo que lo ha cambiado todo. Soy optimista, y pienso que sólo he andado un tercio del camino, así que aún me quedan dos tercios… y un montón de decisiones que tomar.

Circunstancias, personas, decisiones. Tres factores que configuran nuestra existencia. Tres factores que unas veces nos traen un atisbo de orden y otras una tremenda entropía. Tres factores sin los que la vida no estaría tan deliciosamente viva.

3 Responses to “Circunstancias, personas, decisiones”


  1. 1 Myru 19 \19UTC marzo \19UTC 2007 a las 12:52 pm

    Bueno Paco! Me anudaste la garganta porque leyendo tu reflexión recuerdo a mi padre, hoy, día del padre, con más añoranza y amor que nunca…
    Gracias por compartir este espacio conmigo. Y gracias por regalarme un paréntesis tan conmovedor en este día especialmente sensible para mi.

  2. 2 anónimo 25 \25UTC marzo \25UTC 2007 a las 10:27 pm

    Personas, personas, personas que han tenido una influencia decisiva en tu vida.
    Solía hacerme esta pregunta a menudo hace unos años. Junto a otras como: con qué personas me gustaría estrechar lazos o, una que he dejado de hacerme porque da nefastos resultados, qué será de nosotros ( otra persona la que quiero y yo ) en x años. O what if…?
    Era de uno de mis pasatiempos cuando estudiaba/trabajaba en Madrid y hacia solitarios mentales en el tren.
    Esa y la de ¿cuál fue la primera decisión importante en mi vida? ¿ Cuándo empecé a ser quien soy?A la que dejado de buscar respuesta, porque, mañana seré otra persona, probablemente.
    Yo no tuve una infancia feliz ( pero sí mucha libertad para escapar a mundos reales o imaginarios, o a medio camino, como un edificio a media construcción cuando no has cumplido los doce). Aunque lo fue si la comparo con mi adolescencia desde luego.
    Mis padres fueron personas importantes, claro. Para bien y para mal.Pero me esfuerzo en pensar sólo en el para bien.
    Al fin y al cabo, me dieron cosas valiosas como el amor por la lectura, la curiosidad, la capacidad para poner cosas en tela de juicio ( mi padre, ya de muy niña me decía que las cosas suelen ser del color del cristal con que se miran).
    Mi padre me enseñó a nadar, a amar el mar, a hacer fotos y la magia del laboratorio, que no tenía porque renunciar a nada por ser una mujer ( y en la época, era todo un alarde de progresía y una paradoja, con su forma de actuar),la disconformidad, el gusto por autores por entonces prohibidos, un disco de Paco Ibáñez en directo desde el exilio, canciones que cantar de viaje en el coche. Cosas que, me temo, él ha olvidado.
    Mi madre intentó enseñarme a hacer la colada, tender la ropa correctamente, planchar… y me enseñó a cocinar. Cosas que ella hubiera querido saber cuando comenzó su vida independiente, me dijo cien veces, cuando yo le decía que preferír ir a la piscina como mis hermanos. También,cosas divertidas, como las señales de la carretera ( mi infancia son recuerdos de una línea continúa iluminada por la faros, podría decir) o a dibujar. Citaré sólo una entre las malas, a temer. Intento olvidarla cada día.
    Mi abuela y mi tía fueron también muy importantes para mí. Mi abuela era una persona de sentencias sabias.Yo era muy chica, pre-adolescente, cuando ella me decía: uy, cerebro de izquierdas y estómago de derechas, mala combinación. Me dejó sus recetas de pollo con pero, de ensalada de naranja con bacalao o de ajo blanco andaluz ( el que es gazpacho y no crema). Mis comidas favoritas.
    Mi tía me convenció de que el hombre de mi vida era el hombre de mi vida. Le quería mucho. Tenía también sus sentencias, como aprendiz de mucho, maestro de nada; o culo de mal asiento, no compra lavavajillas. Esta última siempre me hizo mucha gracia.
    Luego hubo amigos, que se renovaban cada año, tuve una infancia transhumante. Entre ellos los de cierto pueblo de playa donde viví una de las épocas más felices de mi vida, tuvieron una gran importancia. Y maestros, y no siempre los que me dieron clase fueron los más influyentes, no.
    Y unos vecinos de abajo que fueron fundamentales en mi vida. Me descubrieron La Rioja, donde viví ( por intervalos, eso sí) cinco años. Y él me llevo hasta mi primer periódico, El Independiente. Simplemente, convenciéndome de que podría conseguir todo lo que me propusiese. Nunca le he dicho, ahora caigo, lo importante que fue para mí su amistad. Un bálsamo en un momento en que lo necesitaba tanto como el aire.
    Yo hice algo parecido, más pequeñito, 20 años después con su hija mayor. Me encantó.
    Y en La Rioja, hubo muchas, muchas personas importantes para mí. Y que lo siguen siendo. Hasta entonces había conocido muchos lugares diferentes. Entonces, empecé a conocer mundos diferentes. El de los vendedores ambulantes, artesanos o al por mayor, gitanos o payos, el de los feriantes, el de los jornaleros del campo, el de los viticultores, el de los maestros, incluso el de los drogadictos.
    Viví cosas que nunca olvidaré: buenas y algunas dramáticas.
    Llegué allí por azar y me fuí por una decisión meditada. Quizás la primera fundamental. Regresar a Madrid.Quería ser periodista y se me hacía difícil serlo por allí o al otro lado del río (Euskadi), donde, adiviniba, la vida de un periodista no sería fácil.
    De vuelta, y en los intervalos, hubo mucha más gente importante: un chileno que me saludaba preguntándome si aún no me gustaban los bajitos, un bajito que me instaba a hacer de una puñetera vez las paces con la vida y que me regaló mi libro preferido, León el africano ( el camino es mi patria y mi vida, la más inesperada travesía, o algo así), mi hermano pequeño, al que durante un tiempo estuve muy unida en paseos por mundos imaginarios; un librero con el que disfruté muchas hermosas veladas; una colega de profesión que para mí siempre ha sido la imagen viva de la palabra lealtad; y , al menos, tres jefes completamente inolvidables, una editora, y una compañera, a los que nunca dí las gracias por todo lo que me dieron ( aunque me estrujarán, eso también), y que me enseñaron prácticamente todo lo bueno que sé de mi profesión. Y, cómo podía olvidarlo, un sueco raro donde los haya, que me ha regalado alguna de las tardes más hermosas de mi vida, deslizándonos por el Báltico o en tierra firme, mi amor por Suecia y que es el padre de una niña de la que estoy enamorada y con la que podría pasar horas hablando o jugando a pesar de que ninguna de las dos conoce más de 50 palabras del idioma de la otra.
    Fueron aquellos tiempos más que movidos, nunca sabía dónde estaría esa tarde, a veces, ni en que casa dormiría.
    Ahora mi vida es más apacible. Tanto más apacible que una de las últimas veces que ví a mi marinero preferido me preguntó si me había convertido en la mujer gato.
    En fin… en esta etapa hay también personas muy importantes, decisivas en mi vida. El núcleo duro es el que llamó los tres del piso, los tres amigos que me ayudaron a comprar mi piso: aquella colega a la que conocí hace eones de tiempo, un ex-compañero de trabajo que es la generosidad en persona – bueno, toda su familia, que habría hecho yo sin ese clan, me pregunto – y un marroquí dividido entre dos culturas que vive en tantos mundos a la vez que creo que a veces pierde la cuenta y que, como yo, cree en las almas gemelas, alguien a quien quiero especialmente, quizás porque estoy segura de que nuestros caminos se separarán en el futuro, para no volverse a unir. Entre las muchas cosas que me ha descubierto, me quedo con una: que el mundo no es esta pequeñita parte donde vivimos nosotros.
    Me doy cuenta de una cosa, las personas más importantes en mi vida son las que me han hecho pensar. Tuve un profesor de inglés horrendo dando clase, pero al que siempre recordaré por los temas que proponía para el debate. Ejemplo, ¿ qué parte de nuestras vidas depende de nosotros? ¿ y el resto: los demás, el azar, el destino…?
    Y otras personas como mi cuñadita, otra generosa nata, una confidente maravillosa. Una colega de profesión, aunque está en el otro lado,una ejecutiva de pro, a la que admiro,y con la que me gustaría mucho estrechar lazos. A las dos las une, creo, su amor por la vida, un optimismo inscrito en el adn.
    Y claro, está el amor de mi vida. He estado enamorada de otros, sí, pero pasó, o estaba confundida, o era una cuestión intelectual, la esgrima dialéctica era nuestro juego preferido, o no me gustó el lado oscuro. Con él no pasará. El es mi compañero, la persona con quien quiero recorrer el camino. Ahora plácidamente.
    Querido bajito, que nunca leeras esto, creo que al fin, a pesar de las cicatrices, del dolor, de las ausencias – que ninguna de las dos orillas parece tener la fuerza o el coraje para intentar solucionar- , de los días en los que se me mete una basurilla en el alma, a pesar de todo, creo que al fin he hecho las paces con la vida.
    Espero llevar eso en mi equipaje en los dos tercios que seguro me quedan por disfrutar.
    Se lo decía a alguien a quien quise mucho y , creo, ayude mucho a hacerse con un equijape con el que madurar: la vida es dura, difícil, muchas veces horrible, pero ¡tan hermosa!

  3. 3 Ner 29 \29UTC septiembre \29UTC 2008 a las 5:27 pm

    Hola wapo…

    Gracias por abrirme las puertas de tu “casa” y dejarme acompañarte.

    Un Besi


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