Tres pecados profesionales

 

A veces siento que estoy en la cima del mundo. Ocurre en esos rarísimos momentos en que algo de lo que hago parece tocado de cierta genialidad. En esos momentos, mi autoestima se dispara y me siento capaz de conseguir cualquier cosa que me proponga. Cualquier cosa. Sé que he sentido esa sensación más de una vez, pero no puedo describir ahora ninguna de esas situaciones porque, ya digo, son rarísimas, y ya ni me acuerdo de cuándo fue la última. La mayor parte del tiempo, como es natural, me siento la persona más normal del mundo. Nada de genialidades, sólo rutinas.

Durante las dos últimas semanas no me he sentido genial, pero tampoco normal, yo más bien diría que me he sentido pequeño, muy pequeño, minúsculo. En mi actividad profesional he tenido que enfrentarme a una crisis que me ha superado. Uno de nuestros clientes más importantes, con una plantilla de más de 20.000 empleados, puso en marcha una iniciativa interesante cuyo desarrollo dependía, en parte, de la respuesta de las infraestructuras que la soportarían, de las que soy responsable. Tan interesante resultó la iniciativa para los empleados de este cliente, que las infraestructuras no respondieron ante su avalancha de interés. La definición, contratación, aprovisionamiento, instalación, configuración y puesta en funcionamiento de unas nuevas infraestructuras, más potentes y fiables, me han tenido en vilo durante diez días. Y ha sido en esos diez días cuando he visto lo peor de mí a nivel profesional. Desafortunadamente no he sido yo el único que lo ha visto, qué le vamos a hacer.

Marcada tendencia a la postergación

La procrastinación – que a mi me gusta llamar postergación, porque es bastante más fácil de pronunciar – es uno de los hábitos que me ha dejado claramente en evidencia estos días. Hace ya unos meses que completé la elaboración de un plan anual para mi departamento. Uno de los proyectos incluidos en ese plan era la ampliación de las infraestructuras que dan servicio a nuestros clientes. Un compañero de departamento era el responsable de hacer avanzar el proyecto hasta la decisión final. Y lo hizo. Luego llegué yo, retrasé esa decisión un poco más de la cuenta, y eso tuvo como consecuencia que la infraestructura que podría haber evitado la crisis, no estuviera en su sitio la primera vez que podría haber sido realmente necesaria. Estoy seguro de que a partir de ahora seré más consciente de los peligros de la postergación, y trataré de evitarla con bastante más ahínco que hasta este momento.

Insuficiente resistencia a la presión

Hasta hace unos días, yo pensaba que soportaba bien la presión. Pero ya me ha quedado claro que eso no es del todo cierto. Cuando trabajas en una empresa pequeña pero ambiciosa, que vive directamente de lo que vende, sin inversores optimistas que financien un presente económicamente improductivo que hará posible el próspero futuro que ellos imaginan, debes aprender a convivir con la presión. Vives de tus clientes, y eso te obliga a buscar de manera incansable su completa satisfacción. Siempre intentas dar los plazos más ajustados posibles para, sin menoscabo de la calidad, llevar a cabo los proyectos que has conseguido venderles con tanto esfuerzo. Y, por supuesto, siempre intentas resolver cualquier problema que surja con la mayor inmediatez de la que eres capaz. El departamento técnico de una empresa como la mía, vive de los problemas: es responsable de poner todos los medios necesarios para evitar que ocurran y, cuando ocurren, porque tarde o temprano, por pequeño que sea, algún problemilla siempre surge, es responsable de solucionarlos. Mi empresa proporciona servicios online a centenares de clientes, con cientos, o miles, o decenas de miles de usuarios cada uno, se encuentra en permanente crecimiento, con tres oficinas en España y otra en Portugal. Esto supone, para los cuatro únicos técnicos que consiguen que todo funcione, convivir a diario con la presión. Debería, por tanto, estar acostumbrado a soportar sin despeinarme situaciones difíciles, porque son la esencia de mi trabajo; sin embargo, creo que la de esta semana me ha superado, y algo, en algún rincón interno, ha estado a punto de romperse… Igual estoy exagerando, porque tengo cierta tendencia al dramatismo, pero, por si las moscas, voy a ir pensando cómo puedo desarrollar una mayor resistencia a la presión, no sea que en la próxima crisis, ese algo llegue realmente a romperse…

Insuficiente preocupación por la formación

La informática es un campo muy amplio. En las empresas con centenares o miles de empleados, los departamentos de sistemas tienen entre sus filas especialistas en administración de sistemas, especialistas en comunicaciones, especialistas en seguridad de la información, especialistas en la administración de bases de datos, especialistas en el desarrollo de software, especialistas en soporte microinformático… especialistas, muchos especialistas. En las empresas pequeñas como la mía, sin embargo, los departamentos de sistemas no suelen tener especialistas en ninguna de esas ramas de la informática. Sus técnicos no saben mucho de ningún área técnica concreta, sino un poco (a veces no tan poco) de muchas áreas diferentes. Los responsables de estos departamentos deben estar al tanto de los conocimientos y destrezas de cada una de las personas de su equipo, así como de los propios. Por supuesto, también deben ser conscientes de sus limitaciones y sus lagunas de conocimiento. Está claro que es su responsabilidad rellenar esas lagunas y romper esas limitaciones con una formación bien enfocada y planificada, preparándose a sí mismo y a sus compañeros de trabajo para toda circunstancia. Sin embargo, cuando las tareas que requieren la atención inmediata de todos y cada uno de los miembros del equipo se amontonan en sus bandejas de entrada de correo, en sus flujos de trabajo en el ERP, y en algún que otro contenedor más, sustraer a lo urgente el tiempo necesario para la formación resulta casi pecaminoso. En estos diez días hemos aprendido a toda prisa lo suficiente sobre alta disponibilidad, balanceo de carga y pruebas de rendimiento en sobrecarga como para salir del paso, pero soy consciente de que nuestros conocimientos y habilidades en este área de la informática deben desarrollarse bastante más. Y también soy consciente de que, en general, debo preocuparme más por la formación continuada del equipo, intentando mantener el difícil equilibrio entre lo que se debe hacer cada día y lo que resultaría recomendable aprender previamente para poder hacerlo lo mejor posible y con el mínimo esfuerzo. A ver cómo lo consigo.

Una terapia diferente

Por muy buena persona que uno sea, siempre resulta extrañamente terapéutico poner verde a alguien. ¿Quién no ha puesto alguna vez a caer de un burro a algún político o gobernante, ya sea local, regional, nacional o internacional? ¿Quien no ha despellejado alguna vez a a su jefe directo, indirecto o circunflejo? ¿Y no resulta liberador, calmante, terapéutico? Yo estoy convencido de que eso es porque ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio es consustancial a la naturaleza humana.

En este artículo – que, por cierto, llevo días intentando escribir, descubriendo, muy a mi pesar, que esto de la escritura no debe de ser lo mío – he descrito tres de las vigas que he visto en mi ojo recientemente. Y lo he hecho porque soy de los que piensan que la autocrítica puede ser a veces más terapéutica que la crítica de los demás. Igual no debería haber contado todo esto para no parecer un poco tonto, pues lo aceptado comúnmente como inteligente es esconder las propias carencias y vulnerabilidades, no sea que alguien las aproveche para fastidiarnos.

Bueno, puede ser, pero ¿y lo bien que me he quedado?

 

 

7 Responses to “Tres pecados profesionales”


  1. 1 anónimo 30 \30UTC mayo \30UTC 2007 a las 8:36 pm

    ´´aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanimo.
    A soportar la presión… ¡ ay la presión, que mala cosa es!, creo que ayuda mucho el saber que errar es humano, hacerlo lo mejor que puedas (do your best, no sé por qué creo que lo expresa mejor) y ser honrado.
    Tuve un jefe excelente, un sueño de jefe, que me enseñó esto cuando estaba cubriendo una pesadilla en la que moría alguien cada día, durante meses, y cada palabra que escribiese implicaba una gran responsabilidad, que podría dejar a decenas de personas sin trabajo.
    Me enseñó eso y que hay que descansar, aún en los momentos duros. Tener una vida fuera del trabajo, pero vamos que ese no es tú problema.
    No sé si viene al caso, pero me gustaba una frase que él ( hoy entre los cinco periodistas con más poder de Españam sin duda alguna) solía decir: vale, a veces te pitan penalty. Si no juegas,si no arriesgas, no te lo pitarán nunca, pero entonces, tampoco marcaras gol.
    PD. Yo creo que escribes bien.

  2. 2 Enrique Gabriel 30 \30UTC mayo \30UTC 2007 a las 9:08 pm

    Muy buen artículo. Creo que lo que planteas son los típicos problemas que se vive en una pequeña y mediana empresa. Particularmente nocivo (y dificil de curar) es el mal hábito de la postergación, muchas veces he tenido problemas debito a esto y sigo sin aprender🙂

  3. 3 DavidCH 30 \30UTC mayo \30UTC 2007 a las 11:08 pm

    Mis respetos, mientras mas leo su blog mas me convenzo de que es usted una gran persona, que incorpora cada ves mas “plugs” a si mismo; si viviera mil años…

    Una disculpa por mi comentario de hace 2 artículos, estuvo fuera de lugar.

  4. 4 B.Costa 1 \01UTC junio \01UTC 2007 a las 7:54 pm

    Pues yo tengo también problemas para aguantar la presión en el trabajo, pero los que no consiguen hacerme notar la presión son los clientes. Lo que si me derrumba a veces es el que los que estan a mi lado no la aguanten. Cuando ves que tu equipo que tendria que funcionar bajo presión empieza a ceder entonces es cuando empiezo yo a ponerme nervioso y a cuestionarmelo todo.

  5. 5 Sergio 3 \03UTC junio \03UTC 2007 a las 11:02 pm

    Gran artículo, y es bueno precisamente porque nos vemos reflejados, así que no hay que preocuparse por parecer un poco tonto. Solo espero poder corregir estos defectos yo también, ya que cuando ve algo escrito es mas consciente de ello.
    Por otra parte quería comentar que la poca especialización no afecta solo a las pequeñas y medianas empresas, a mi me parece una cuestión de cultura española, en mi empresa que es una multinacional, somos siete personas entre el area de sistemas y el helpdesk, mientras que en otros paises con menos usuarios y delegaciones son bastante más, además de estar bastante más especializados y lo peor de todo es que al director del area le parecemos demasiados.
    Bueno, solo espero poder seguir leyendo artículos como este, ¡ahora me siento menos solo!.

  6. 6 David "Casi Organizado" Diego 4 \04UTC junio \04UTC 2007 a las 12:38 pm

    Hoy me siento menos sólo en el universo😉

    Un saludo

    David D.

  7. 7 Ner 1 \01UTC octubre \01UTC 2008 a las 11:36 am

    De los errores se aprende… creo q te juzgas demasiado duro.

    Hace casi un año q te conozco profesionalmente y me parece q eres una de las personas mas competentes q he conocido.

    Quizás no fuiste previsor, pero hay q ser muy valiente para reconocer los propios errores en vez de echar balones fuera.

    Es admirable tu humildad y sobre todo, tu sinceridad ctgo mismo… creo q es la fórmula para ser feliz.. ENHORABUENA!

    Besisss


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