Archive for the 'Reflexiones' Category

Vecinos

Hace unos días leí en 20minutos.es, una noticia titulada “Dos años de cárcel por molestar a sus vecinos con la música a todo volumen“, que me trajo a la memoria las desagradables experiencias que viví con los vecinos con los que compartía comunidad en el piso en el que vivía antes de mudarme al actual. Al casarme, me fui a vivir con mi mujer al cuarto piso de un edificio bastante antiguo, sin ascensor, situado en una barriada popular de mi ciudad. Nuestro piso era el último, así que no teníamos vecinos encima. Con unos vecinos del mismo rellano – un matrimonio con dos hijos ya mayores – compartíamos una pared de la cocina y con otros – un matrimonio de ancianos – compartíamos una pared del salón. Bajo nuestro piso vivía sola una elegante y bohemia mujer mayor que, según nos contó un día, había sido bailarina en un ballet ruso. En la casa apenas oíamos ruidos provenientes de la calle, ya que las habitaciones de un lado daba a un callejón apartado del tráfico y las del otro a un patio de luces muy amplio, en el que había pocos vecinos generosos, de esos que comparten su inversión en música y equipamiento audiovisual con todos los demás. El barrio no era bonito, aparcar el coche a diario era un infierno y subir los 4 pisos de empinadas escaleras con las bolsas de la compra o el cuco de nuestro hijo resultaba agotador, pero con el tremendo esfuerzo e ilusión que habíamos puesto en la reforma del piso, habíamos conseguido que eso no nos importara mucho: al abrir la puerta nos parecía que entrábamos en nuestro oasis particular de armonía y paz… hasta que llegaron ellos.

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La estrategia del aprendiz activo

Hace mucho tiempo trabajé como peón en la subsidiaria española de una multinacional de la cosmética. En los nueve meses que estuve allí hice un poco de todo: cargué y descargué camiones, empaqueté cajas, pegué etiquetas, revisé albaranes, participé en inventarios contando infinidad de botecitos varios… Acababa de terminar la carrera y estaba pendiente de comenzar la Prestación Social Sustitutoria (aquello que te obligaban a hacer durante 13 meses si no querías hacer el Servicio Militar, que sólo duraba 9). Necesitaba pasta porque en mi casa no abundaba y yo tenía grandes planes que requerían financiación, como el carné de conducir o mejorar mi inglés en Irlanda… Haciendo los mismos trabajos que yo había un buen número de empleados eventuales con diferentes niveles de formación, desde el más básico hasta la licenciatura universitaria. Todos hacíamos de todo y estábamos permanentemente a disposición de los mandos intermedios, que nos asignaban a las tareas más necesarias en cada momento. El nivel de formación, obviamente, no nos hacía a unos diferentes de otros.

Un día, mientras comíamos en el comedor de la empresa enfundados en nuestros monos azules de trabajo, uno de mis compañeros comenzó a despotricar sobre lo que le habían encargado hacer aquel día. Yo le dije que no había que dramatizar tanto, que en nuestro contrato no se especificaba lo que teníamos o no teníamos que hacer, que éramos peones eventuales sin especialización alguna y que estábamos allí para apoyar en lo que hiciese más falta en cada momento. Aquello que a mí me parecía incontrovertible, a él le sentó fatal, por lo que decidió que no volvería a hablarme desde ese mismo instante. Algún tiempo después me lo encontré de dependiente en una tienda y seguía sin hablarme. Hace mucho que no le veo. Igual ahora, después de mucho quejarse en un sitio y en otro, ya dirige su propia multinacional y hace sólo aquello que el destino tenía reservado para él. Aunque a mí me da que no. En mi opinión, la estrategia del quejica no es una estrategia que te pueda hacer prosperar mucho. Seguir leyendo ‘La estrategia del aprendiz activo’

Tres pecados profesionales

 

A veces siento que estoy en la cima del mundo. Ocurre en esos rarísimos momentos en que algo de lo que hago parece tocado de cierta genialidad. En esos momentos, mi autoestima se dispara y me siento capaz de conseguir cualquier cosa que me proponga. Cualquier cosa. Sé que he sentido esa sensación más de una vez, pero no puedo describir ahora ninguna de esas situaciones porque, ya digo, son rarísimas, y ya ni me acuerdo de cuándo fue la última. La mayor parte del tiempo, como es natural, me siento la persona más normal del mundo. Nada de genialidades, sólo rutinas.

Durante las dos últimas semanas no me he sentido genial, pero tampoco normal, yo más bien diría que me he sentido pequeño, muy pequeño, minúsculo. En mi actividad profesional he tenido que enfrentarme a una crisis que me ha superado. Seguir leyendo ‘Tres pecados profesionales’

La importancia de un arranque planificado

Arranque PlanificadoSeis de la mañana. Suena el despertador. ¿Lo vas a apagar a oscuras y seguir remoloneando en la cama, o te vas a levantar? Si lo apagas y no te levantas, corres el riesgo de quedarte dormido. “Bueno, yo es que le doy al botón de snooze, ese que hace que el despertador salte cada cinco minutos”, me dirás. O sea, que no te vas a levantar hasta que no tengas ya más remedio. ¿Así quieres empezar el día? ¿Así vas a empezar hoy todas tus actividades?

Os voy a contar un secreto: yo me levanto todos los días a las seis de la mañana. “Ya, pues vaya cosa”, diréis. Un momento, un momento, que no os lo he contado todo. Hay dos detalles importantes: uno es que he dicho todos los días, y eso incluye los sábados y los domingos… y otro es que los días laborables no suelo salir de mi casa hasta las ocho y media, para llegar al trabajo una hora más tarde. Ahora es cuando os puede empezar a picar la curiosidad: “Si no sales hasta las ocho y media, y no empiezas a trabajar hasta las nueve y media, ¿para qué demonios te levantas tan temprano?” Fácil: eso me da todos los días una hora y media o dos horas de silencio e independencia para mis cosas personales. Normalmente me levanto, me ducho, me afeito, me visto, me preparo el desayuno, y me siento frente al ordenador sin ningún plan concreto. Los sábados y los domingos me suelo ahorrar formalidades y me siento directamente en el ordenador, pocos minutos después de levantarme. Unas veces empiezo consultando las estadísticas del blog, viendo cómo ha ido la cosa durante la noche, cuando es de día al otro lado del Atlántico. Otras veces comienzo leyendo las noticias tecnológicas en mi pestaña “Tecnologías” de netvibes (la he pasado al ecosistema, así que si te la quieres añadir, pulsa aquí: Añadir a Netvibes), o leyendo los últimos artículos de los bloggers de mi blogroll. La cuestión es que casi indefectiblemente termino con el Firefox lleno de pestañas abiertas con lecturas inconclusas, y saliendo a toda prisa para no llegar al trabajo más tarde de lo razonable. Hoy, sin embargo, me he propuesto cambiar esta tendencia entrópica, que me deja todos los días con un ligero mal sabor de boca.

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La caja de herramientas

Caja de herramientasMi hijo tiene ahora cuatro años y está aprendiendo a leer y a escribir. Ya se sabe los números, las vocales y algunas consonantes, no muchas. Cuando nos ponemos a leer con él, unas veces mi mujer y otras yo, no para un rato quieto, impaciente por terminar para ponerse a jugar, a pintar, o a ver los dibujos animados. Nos enfada que no ponga la atención suficiente; si se concentrara seguro que aprendería mucho más rápidamente. Creo que él debe intuir en cierta manera lo útil que le resultará saber leer y escribir, porque vive rodeado de libros y no hay día que no vea a sus padres con algún libro o revista en las manos, o tomando notas sobre un papel, o escribiendo algo al ordenador. Desde muy pequeñito siempre le ha gustado mucho que le leyésemos cuentos, y una de sus preguntas favoritas es “¿y aquí qué pone?”. ¿Por qué, entonces, se lo toma como algo fastidioso que hay que hacer en casa sólo porque si no no le vamos a dejar hacer lo que realmente le gusta? Yo creo que es porque aún no ha desarrollado plenamente la habilidad de percibir la trascendencia de sus acciones. No soy psicólogo, así que tan solo es una conjetura.

La capacidad de leer y la capacidad de escribir en la lengua materna son dos de las herramientas fundamentales para una vida plena. Por eso cuando los niños aprenden a leer y a escribir su mundo empieza a cambiar. Pero no son las únicas herramientas que nos permiten desarrollarnos y alcanzar nuestras metas. Yo podría señalar otras cuantas que a mí me han resultado imprescindibles para llegar hasta aquí. Una de ellas es el inglés, que me ha permitido el acceso a un mundo mucho más amplio que el que gira alrededor de la lengua de mis padres. Otra es la informática, a la que le he sacado siempre bastante utilidad, tanto a nivel profesional como personal. También podría señalar unas cuantas herramientas que no tengo y que me gustaría añadir, sin duda, a mi maletín de útiles de productividad: la mecanografía, la lectura rápida, otros idiomas

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Circunstancias, personas, decisiones

Aprendiendo a escribirA veces me pregunto cómo he llegado hasta aquí. Repaso mentalmente las circunstancias en las que he tenido que desenvolverme, las personas que he conocido y que me han influido y las decisiones que me llevaron a tomar un camino u otro. Algunas de las cosas que veo me punzan el corazón o me anudan la garganta, otras me hacen sonreír.

Tuve una infancia feliz, creo, aunque un poco ajetreada, viajando de aquí para allá, conociendo y despidiendo a innumerables amigos, y siempre rodeado de libros. Quizás fueron las cartas que desde muy pequeño escribía a las amistades perdidas una y otra vez, las que asentaron en mí el gusto por la escritura. Quizás fueron esos libros que siempre me rodeaban los que me impulsaron a leer y leer durante el resto de mi vida. También es natural pensar que tantos viajes, tantos sitios, y personas, y situaciones diferentes, fueron los que despertaron en mí la curiosidad por todo.

Luego las cosas se torcieron un poco, Seguir leyendo ‘Circunstancias, personas, decisiones’

Mañana empiezo

Uno de eneroNo falla, todos los años, lo mismo. Suele ocurrir el día de Reyes. Estoy montando con mi hijo el castillo de Robin Hood (2006), o la isla de Peter Pan (2007), y mientras ensamblo una pieza con otra, que hay que ver lo entretenido que es, que más parece un regalo para el padre que para el niño, hago repaso mental de todos los propósitos para el nuevo año. Por supuesto, ya pensé en esos propósitos en la Nochevieja, antes de tomarme atropelladamente las uvas, pero resulta que uno de los propósitos más importantes, o, al menos, el más recurrente, es casi imposible de cumplir hasta que terminan por completo las fiestas navideñas. La dieta para adelgazar un poco y librarme de esos kilos que la amable doctora del reconocimiento médico anual de la empresa me dijo que me sobraban, hay que empezarla después de Reyes, es el mejor día, sin duda.

Los que pensamos que tenemos un buen número de cosas que mejorar o cambiar completamente en nuestra forma de actuar, estamos siempre buscando el día perfecto para que se opere el milagro. Mañana empiezo, nos decimos cada domingo. Seguir leyendo ‘Mañana empiezo’